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Una gota de su sangre, por un momento de placer.

Isaías 53:4-5

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. (RVR 1960)

La forma en que valores la muerte de Jesús en el calvario también determinará tu compromiso para vencer  la atadura sexual. Este versículo bíblico se escribió 700 años aproximadamente antes de Jesús y describe perfectamente lo que Jesús padeció por nosotros.

La gratitud

No te imaginas el poder que tiene tu “gratitud” hacia Dios para vencer la lujuria sexual y de esto es que se trata este versículo bíblico.  Este versículo se relaciona con tu lucha,

Una gota de su Sangre

“No negocies una gota de su sangre, por un momento de placer”.

porque mientras más te acercas a ese madero y al recuerdo de lo que sucedió, automáticamente le das la espalda a la lujuria sexual. Acercarte al madero es recordar el dolor que el maestro sufrió por ti, es doler tu carne y clavarla en la cruz junto con Él.

La forma en que veas y estas consciente de la muerte de Jesús en el madero, determinará la calidad de tu relación personal con El Señor. Muchas veces recuerdo decir en un tono alegre: ¡Soy salvo por que Cristo murió por mí!”, pero sin embargo, era bien rápido para trivializar ideas lujuriosas. Usaba la sangre de Cristo para obtener lo mejor de los dos mundos, es decir, puedo pecar y luego usar la sangre de Cristo para lavarme. Pecaba como si la sangre de Jesús fuera un jabón hecho en una fábrica jabonera o como un jabón que luego de ser usado se desperdicia drenándose por el desagüe de la bañera. Suena fuerte, pero realmente es la actitud que tomamos cuando negociamos un poco de placer, por una gota de su sangre.

La sangre de Cristo no es meramente un jabón, la sangre de Cristo costó sufrimiento, dolor intenso y un proceso largo de tortura. El evento del calvario, fue uno muy triste y no hubo ningún componente de alegría, como hoy solemos a expresar tan livianamente: “¡Cristo murió por mí!” y realmente no vivirlo.

Aquí es que yo me pregunto: ¿Cómo es que veo la muerte de Cristo en el calvario?; ¿Soy yo tan rápido para trivializar pensando: “no… esto no es tan malo” o “bueno… si ya vi un poco, para eso lo veo completo”? O me creo un súper mega escapista diciendo: “ha… nadie me va a ver”, “lo tengo todo muy bien planificado” o “si me atrapan, puedo decir esta mentira buena”. Si de verdad tuviéramos el sacrificio de Jesús grabado en nuestra mente, no fuéramos tan rápidos para dejar nuestra pureza echada a la basura.

Yo he notado en mi vida, que mientras más yo tengo grabado el sufrimiento de Jesús, mi vulnerabilidad para consumir el pecado mengua. ¿Por qué?, por qué mi corazón automáticamente se llena de gratitud, no necesito más nada. El sacrificio de Jesús cubrió completamente mi necesidad.

Hoy te invito a pensar y a concienciar diferente este gran sufrimiento que El Gran Varón de Dolores sufrió en el madero por ti y por mí. Te invito a ir más allá, a que te hagas participe de este dolor, porque cuando la carne demanda su placer, es una oportunidad de someterla. Suena difícil, pero cuando consideramos todo lo que pasó Jesús en el madero por tí y por mí, sólo basta con recordar su dolor y ser agradecido. Te invito a que te hagas esta pregunta antes de actuar: “¿mereció Cristo sufrir tanto, por este pecado que quiero consumir?”

Abrazos y muchas bendiciones;

Joel Olivencia

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