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Clamando a Dios, a un paso de pecar.

Clamando a Dios, a un paso de pecar.

Salmos 119:43 “No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, Porque yo espero en Tus ordenanzas.”

Quiero tocar tu corazón con las letras de este artículo. Quiero compartir contigo lo que significa para mi clamar: “No quites jamás de mi boca la

Clamando a Dios, a un paso de pecar.

Clamando a Dios, a un paso de pecar.

palabra de verdad, Porque yo espero en Tus ordenanzas.” Algo que nuestro enemigo no soporta es que clamemos a Dios, a un paso de pecar. El enemigo sabe que cuando se escucha el clamor de un hijo en el  Salón del Trono de Dios él tiene que salir corriendo por su vida.

Muchas veces, en la lucha contra la atadura sexual, nos encontramos en ese micro-segundo, donde nos toca decidir por la lujuria o decidir por pureza. Es ahí donde nuestra fe es puesta a prueba, en ese momento donde estás a un paso de pecar.

Pero no quiero hablar de aquellos momentos en donde te sientes fuerte, con muchos días de pureza o viviendo en victoria.

Quiero referirme a esos momentos donde sientes que la carne hace fuertemente su demanda y donde todas las condiciones están en bandeja de plata para consumir el pecado. Clamar a Dios en un momento como este requiere de valentía. Clamar a Dios en un momento como este es realmente como sentir dolor físico en la carne, inclusive sentir hasta coraje en tu carne por saber que lo que estás deseando es prohibido.

Sólo el que ha pasado por los estragos de la atadura sexual, puede entender lo difícil que es clamar a Dios, a un paso de pecar. Pero este versículo bíblico dice algo poderoso. En mi caso, este versículo bíblico  me hace recordar todas las veces en que estaba a un paso de pecar, batallando entre obedecer a Dios o obedecer mi carne. Me hizo recordar las veces que traté de recordar versículos bíblicos que me ayudaran a vencer y solo encontrar que no estaba preparado para batallar.

El salmista en este verso le pide algo a Dios, algo que todos nosotros debemos pedir cuando estamos a un paso de pecar: “No quites jamás de mi boca la palabra de verdad, Porque yo espero en Tus ordenanzas”. Este verso significa pedirle a Dios confianza de que Él siempre proveerá en los momentos más difíciles. ¡Aleluya!

¿Por qué es tan importante esto? Porque muchas veces creemos que la provisión de Dios no es suficiente. Pensamos: “Dios me libra de esta pero luego voy a caer, pues para eso consumo ahora el pecado”. Este pensamiento, o cualquier otro tipo de racionalización es mentira de satanás.  Por eso es que la acción de declarar la verdad de Dios, tiene poder sobre la mentira en la que el enemigo te quiere atrapar.

Si clamas a Dios, a un paso de pecar, creyendo en que Él proveerá, empezará a fluir la verdad en tu corazón. En otros casos, habrán momentos en que sientes a Dios lejos y tu carne esta demandando ser lujuriosamente atendida. En un momento como este, clama a Dios en el Espíritu, de tal manera que tu voz retumbe en el Salón del Trono de Dios.

Sabes, poder entrar al salón del trono de un rey es un privilegio y para otros, puede hasta costar su vida. Pero tú, como hijo de Dios, tienes entrada libre por la sangre del Cordero inmolado.

Dios te dice: “espera en mis ordenanzas”. Es un buen momento para decirle a Dios: “yo espero en tu ordenanza y no en lo que la carne me ordena”. ¡Te  necesito! ¡Clámalo herman@! Él te escuchará atentamente.

Abrazos y muchas bendiciones;

Joel Olivencia

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Qué Me Falta

2 Reyes 12:2-3 “Joás hizo durante toda su vida lo que agrada al Señor, pues siguió las enseñanzas del sacerdote Joyadá. Sin embargo, no se quitaron los *altares paganos, sino que el pueblo continuó ofreciendo sacrificios y quemando incienso en ellos.”

A pesar de que esta historia relata que Joás agradó al Señor. Hubo algo que quedó incompleto; aunque Joás no adoraba los dioses de los gentiles, como rey, nunca se motivó a destruir los altares de estos dioses paganos.

Muchas veces esto se relaciona con nuestra lucha en contra de la atadura sexual. Puede suceder, que veamos que estamos viviendo en victoria y una vida llena de Radicalpureza. Sentimos el respaldo de Dios, ya que tenemos una vida de devoción diaria, en donde oramos, alabamos y nos nutrimos de Su Palabra y no hay duda que eso agrada a Dios. Pero todavía queda algo incompleto; no hemos destruido algunos de esos viejos altares paganos, en donde acostumbrabamos quemar incienso al dios de la lujuria sexual.

Por mi propio testimonio, puedo describir ese altar como uno escondido o uno no confesado. Es como un altar que puede inclusive estar guardado en lo más profundo de tu corazón y sólo la verdad de la palabra de Dios lo puede revelar.

En ocasiones, recordarás que todavía está allí el altar, pero lo ignoras porque te sientes “fuerte” o que ya no le haces caso, o no eres tan frecuentemente tentado. Puede ser que el Espíritu de Dios te apercibe de lo que está pasando, pero dejas el tiempo pasar y te olvidas como hizo el Joás. Sólo hasta que las cosas se ponen difíciles y vuelves a tu viejo altar ya que nunca lo destruiste como debiste haberlo hecho.

Se te olvida que mientras vas restaurando tu vida debes construir con una mano y con la otra continuar peleando, como lo hizo el pueblo de Israel en la reconstrucción de los muros de Jerusalén bajo el liderato del profeta Nehemías.

No cometas el error que hizo Joás, que por no derribar los altares de sus padres, el pueblo continuó ofreciendo sacrificios y quemando incienso a esos dioses.

Dios quiere que seas como Gedeón, que cuando Dios lo llamó, radicalmente destruyó todos los altares de Baal y de Acera (lea Jueces 6:28-29). Dios quiere que seas un hacedor de Su Palabra, que no tan solo le pidas a Dios, sino que seas responsable con tu proceso, que seas un hombre o mujer de valor. Pregúntate qué tienes que derribar de tu vida y no demores en destruirlo. Pregúntale a Dios que amistades y/o relaciones no te convienen, pregúntale qué contactos tienes que eliminar de tu celular, pregúntale qué lugares específicos no debes de ir y pregúntale si estás preparado para tener Internet o WiFi en tus dispositivos electrónicos como: computadora, teléfono inteligente etc.. Todas estas pueden representar un altar de idolatría en tu vida, si tu no derribas estos altares, tus hijos podrán ser una futura víctima de esta idolatría por no haberlo destruido a tiempo.

Abrazos y muchas bendiciones;

Joel Olivencia

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